Desdeñoso a su destino



Ayer me tope con un hombre deteriorado por el tiempo, sucio y quemado por el sol, su olor era inaguantable, pero no era importante en ese momento, me puse a pensar y en realidad la vida del vagabundo es misteriosa, una vida sencilla pero en ocasiones dominada por el alcohol, para poder adormecer al corazón y hacer mas vivibles el desamparo y la ausencia de los demás.

El día lo comienza en una hospedería o en un rincón de la calle, (si es que no quiere dejar a sus fieles amigos perrunos), dependiendo de la época puede que reciba el día con frío y lluvia o con el maravilloso día de verano. Claro que para él su mayor preocupación es poder alimentarse, poder comer un pan y un tè para engañar las tripas, después al comenzar el día puede que salga a caminar por la calle junto a los autos, y quien comprenda que estar al sol o al frió todo el día podrá entregarle una moneda, el luego podrá almorzar o irse a beber como es de costumbre.

“Pensando sentí que el hombre de la calle, es un sujeto mas en el mundo, que no puede encontrar en su mente, una forma de ser que no sea vivir en desgracia, quien deberá comer todos los días, quien tendrá que hacer sus necesidades en algún lugar, sin privacidad ni recato, que debe tratar de no enfermarse, ya que nadie le tendrá en cama con sus medicinas y cuidados.”

Con el día tan largo a de encontrarse con algún amigo, el señor del quiosco, el barrendero, la dueña de casa, que lo conocen muy bien y que saben donde se encuentra durante el día, lo cuidan, le da su monedita. Su comidita a veces. El muy tranquilo, ve la vida como pasa, su mirada pasiva, su barba blanca y larga, sus manos porosas llenas de pasado, sus canas llenas de sabiduría y vestidura despojada de la moda son su naturaleza.

Claro que su coquetería esta viva, no falta el dialogo cordial con la señora barriendo la calle, cuidando el jardín o llevando y trayendo a los niños de la escuela, eso no posterga en el día, cuando ya baja el sol se va a la cantina del barrio a ver un poco de tele, Hay se toma su cañita, trata de arreglar el mundo, critica a la juventud y recuerda los años mozos, sus otros compañeros hacen lo mismo, mientras hacen la hora para poder entrar a la hospedería, darse un baño, encontrar una prenda nueva para lucir al día siguiente, conversar con alguna persona de buen corazón que fue a verlos y les hace compañía en la cena.

A media noche se prepara para dormir, como ya es de años, elige la cama baja del camarote, se acuesta, mira el techo, le cuesta dormir, le cuesta imaginar, de pensar, de coordinar sus acciones, se pone melancólico, sabe que se acerca la navidad y el año nuevo, hay otros sujetos a su lado, jóvenes de calle, otros son hombres de trabajo que salieron de su tierra para encontrar un futuro mejor, hablan con el, de cariño le dicen “el tatita”, entre ellos se colocan a conversar, se cuentan las anécdotas, se cuentan datos para ir al otro día, algunos sacan las fotos de sus familias, recuerdan a los niños que dejaron y que esperan en casa que vuelva algún día, algunos son amigos y se ayudan entre ellos, si falta uno el otro siente la ausencia y bueno, no falta la mujer de calle, ya que no es tema solo de hombres, la desgracia llega por igual a todo, ella por su naturaleza femenina perdida por el vicio o la locura, deja una vida y se vuelca junto a todos los demás, a caer en una sociedad olvidada.

Narración: Marco Briceño