La tragedia de Bangladesh..




El 24 de abril ocurrió un derrumbe en una empresa textil en la ciudad de Savar, Bangladesh. Más de 1.000 muertos y casi 2.500 heridos fue el saldo de aquella tragedia, números que podrían aumentar al no haber sido rescatados todos los cuerpos de aquel edificio, labores que continúan hasta el día de hoy.

El Gobierno anunció la clausura provicional de 18 empresas por considerar que estas no cumplían con las medidas de seguridad necesarias para continuar con las faenas de forma regular. Aún así, este miércoles ocurrió otra desgracia. En Dacca, cerca de la capital de Bangladesh, se incendió otra empresa, sumando a ocho trabajadores más a la lista de fallecidos.

Estas empresas textiles nacieron gracias a la tercerización de la producción de diversas marcas de ropa, tales como Benetton, Wal-Mart o la canadiense Loblaw, que encontraron en Bangladesh el nicho para producir de forma barata. Es tal el impacto de este tipo de trabajo en el país que un 78% de las exportaciones corresponden a la industria textil. De acuerdo a la Campaña Ropa Limpia, la producción en aquel país es tan barata que hasta China está trasladando sus producciones textiles hacia Bangladesh.

Este porcentaje en las exportaciones representa casi 19.000 millones de dólares, según datos oficiales, en un país que cuenta con más de cuatro millones de trabajadores en el área, la mayoría mujeres, repartidos en casi 5.400 fábricas.



Quince días después del derrumbe, la ONU reaccionó. Pidió a las firmas textiles que tengan una mejora sustancial en las condiciones laborales de los trabajadores de Bangladesh. “Las firmas internacionales que producen en Bangladesh tienen la responsabilidad de proteger los derechos humanos” de sus trabajadores, dijo Pavel Sulyandziga, quien dirige actualmente uno de los grupos de la ONU sobre los derechos laborales y humanos.

El funcionario asegura que los productores que operan en Bangladesh tienen la obligación de “ejercer su influencia como compradores de estas manufacturas” para promover un cambio en las condiciones laborales de los trabajadores del país asiático, delegando la responsabilidad de estas mejoras en las empresas cuyas sedes se encuentran a miles de kilómetros.

Según la policía, un día antes de la tragedia aparecieron numerosas grietas en el edificio siniestrado, pero los propietarios de las fábricas las ignoraron y obligaron a sus empleados a acudir a sus puestos de trabajo a pesar del riesgo que corrían, sin saber en qué terminaría la jornada. Del millar de fallecidos, 671 sido entregados a los familiares de las víctimas, 79 fueron enterrados tras no poder ser identificados por su estado de descomposición y el resto están en un centro escolar a la espera de ser reconocidos.



Fuente: the clinic y fotos web